Manco

Nikon D3400, ISO400, 24mm, f/8, 1/501"


No son pocos los que dicen que en un día soleado no se pueden sacar buenas fotografías, que la luz dura es enemiga del fotógrafo; sin embargo, yo pienso que en disciplinas como la fotografía callejera viene siendo un aliado muy valioso (de ahí que comenzase una serie sobre ellas que puedes ver en el apartado de siluetas). Con la llegada de la potente luz solar, podemos jugar con las sombras que a veces producen efectos tan curiosos como este.

No fue sencillo porque mucha gente se aparta de uno cuando lo ve con una cámara de fotos. Yo buscaba que el sujeto se acercara a mi, pero no podía levantar la cámara o estropeaba la toma. Mi cámara no tiene pantalla abatible y no la puedo usar si no es de una forma un tanto incontrolada, desde la cintura. Pasaba mucha gente, yo quería practicar con el 24mm (de mi óptica zoom del kit 18-55mm) que corresponde a un 51mm en mi APS-C y por eso también tenía que estar encima de la escena, lo que provocaba que la gente me esquivase. Sin embargo, vi que se acercaba la víctima perfecta hablando por teléfono.

Enfoqué y medí la exposición manualmente en la piedra donde calculaba que pasaría y traté de memorizar la posición de la cámara para encuadrar. Di dos pasos hacia atrás y esperé. Cuando llegó a la altura donde más o menos yo quería, caminé hacia adelante sin que la persona tuviese tiempo de reaccionar y apartarse, entonces disparé una ráfaga tratando de mantener la cámara como lo había ensayado.

El resultado fue este tan asombroso. Contaba, por ir hablando por teléfono, con que la sombra no tendría parte de un brazo, pero la sorpresa cuando revisé la foto fue otro, parecido al de una cola de caballo o algo por el estilo. Resultó que llevaba otro móvil sujeto por la mano suelta y por eso, alguien que no sepa que llevaba dos, de un primer vistazo entenderá que va hablando por teléfono hasta que observe detenidamente la imagen y vea el dispositivo en la mano contraria... a partir de ese momento, la imaginación comenzará a trabajar.