Los lobos marios de Talcahuano



Cuando visité Concepción (Chile, Región del Bio-Bio), me llevaron hasta Talcahuano, una localidad costera y portuaria donde también podemos encontrar una de las principales bases navales de la Armada de ese país.

La oferta gastronómica tampoco está mal y pudimos comer pescados y mariscos algo distintos a los nuestros gallegos, pero que nada tienen que envidiarle, la calidad non está nada mal. Una persona acostumbrada a los placeres del mar al tenerlo tan cerca, siempre agradece visitar lugares así. Se siente uno como en casa y eso reduce considerablemente la morriña.




Pero Talcahuano también es muy conocida por un vecindario muy especial, los leones marinos o lobos marinos (Otaria Flavescens). La población de estos animales es tan importante que alguno de ellos se tiene aventurado a cruzar las carreteras y llegado incluso hasta los locales de ocio... algo que al vecindario humano quizás no le haga mucha gracia pero que al turista encontrar una escena así le puede resultar muy divertida.




No todo es bonito para estos animales salvajes, pues se tienen denunciado casos de intentos de exterminio por parte de algún energúmeno, pero no es la tónica habitual y de hecho, los chilenos son muy respetuosos con la fauna. Allí el que más o el que menos acoge alguna mascota, generalmente perros, en su casa.




No todo es bonito para estos animales salvajes, pues se tienen denunciado casos de intentos de exterminio por parte de algún energúmeno, pero no es la tónica habitual y de hecho, los chilenos son muy respetuosos con la fauna. Allí el que más o el que menos acoge alguna mascota, generalmente perros, en su casa.

Pero hoy os quiero hablar de un león marino en particular. El que estuve fotografiando o que más bien se dejó fotografiar. Resultó ser famoso en la zona y tiene una historia que os debo contar para que no caiga en el olvido.




Talcahuano es un ejemplo, como decía, de convivencia entre leones marinos y humanos a pesar de tener un gusto culinario parecido: el pescado. Sin embargo, no hay muchos conflictos entre pescadores y depredadores. Pero de vez en cuando sucede un accidente y nuestro amigo un día quedó enganchado a una red.

Las autoridades trataban de rescatarlo pero no eran capaces. Estuvo varios días atrapado por el pescuezo y cada vez que lo intentaban liberar, el propio animal, debido al nerviosismo, se dañaba cada vez más. La herida que la soga le producía era cada vez más profunda y su vida estaba en serio peligro pues podría terminar decapitándose.




Hizo falta la ayuda especializada que después de un duro y meticuloso trabajo que incluía la sedación del animal, consiguieron sacarlo de la trampa mortal. Cuando yo lo pude fotografiar todavía sus heridas eran visibles e impactantes, pero creo que poco a poco se irá recuperando.




Esta historia a mi me emociona particularmente porque me hace recuperar la confianza en la humanidade. No todo está perdido.