Abandonado

NIKON D3400 - 72mm - ISO 280 - f/8 - 1/250s

El COVID-19 cambió nuestra vida por completo en muy poco tiempo, casi apenas sin poder reaccionar. Nos condenó a un confinamiento social que nos impide realizar las tareas a las que esábamos acostumbrados y concretamente en mi caso, a salir a la calle a fotografiar como quisiera. Así que en lugar de disparar de cerca, tendré estos días que trabajar como un tirador de élite desde lejos, agazapado en mi 'hide'. En definitiva, fotografía de fauna aplicada a la calle.

Sin embargo, no debemos dejar que la situación nos gane y haga perder los ánimos de intentar practicar la fotografía callejera aunque sea desde las ventanas de nuestros hogares. Por desgracia, las vistas que yo tengo desde la mía no son muy buenas estéticamente hablando, pero teniendo paciencia podemos llegar a aprovechar el entorno a nuestro favor.

Lo poco con lo que puedo jugar ya es suficiente, una acera un poco abandonada por la limpieza municipal pero cuyo estado produce distintas tonalidades que pueden jugar con las líneas y las formas de unas puertas y una fachada que tampoco desentona. Los modernos contenedores de basura puede que incluso sean un factor de contraste entre el urbanismo moderno y desvencijado alrededor. Así que como fondo no está del todo mal: tenemos líneas y sobre todo mucha, mucha textura.


Los contenedores de basura se van llenando a medida que la gente los usa y acaban acumulando muchas bolsas alrededor, lo que puede suponer un nivel de contaminación importante en la supercifice de toda esa zona.


Alguien abandonó un muñeco de tejido peluche de gran tamaño que se apreciará mejor si usamos cerca una escala humana. No tenía mucho problema para conseguirlo ya que los contenedores de basura atraen visitantes contínuamente. Triangulé con las bolsas de basura, las personas y el muñeco, lo fotografié también en solitario dialogando visualmente con los contenedores y con una caja intentando evitar en el encuadre a personas y la acumulación de bolsas que no distrajeran la atención. En poco tiempo la zona que lo rodeaba iba cambiando drásticamente.

Y en una de esas sucedió lo inesperado. Un jóven que llevaba un teléfono en la mano sufrió un ligero accidente. Creo que intentó tomarle una foto con su dispositivo que se le resbaló de las manos y terminó en el suelo tras intentar cogerlo al vuelo, momento que fui capaz de congelar obteniendo como resultado esta curiosa postura que convierte la instantánea en una toma con gran componente de instante, ese instante decisivo que tanto buscamos los fotógrafos callejeros.

No había pasado ni media hora de la captura de esa imagen cuando me di cuenta que el muñeco ya no estaba. Aún no lo llego a comprender. La gente es tan inconsciente que no piensa que ese juguete puede estar contaminado por aquello con lo que estamos luchando y sacrificando nuestra libertad, no temen siquiera a que el contagio se pase del peluche a sus familiares. Un acto que puede salir muy caro, que puede costar vidas. Luego nos extrañamos y ponemos el grito en el cielo cuando un gobierno decreta un estado de alarma, pero muy blando está siendo, la gente no lo respeta y de esa forma no vamos a poder ganar la batalla, por lo menos no sin contar con muchas bajas en nuestras filas, bajas innecesarias, inocentes.

Aprovecho para pediros sentido común. Reflexionad en lo que estamos haciendo y en lo que se nos está pidiendo. Yo me quedo en casa.


Muñeco de peluche abandonado al lado de unos contedores de basura.