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Anthrenus Verbasci

Los anthrenus  pertenecen a la familia de los coleópteros y son conocidos normalmente como escarabajos de las alfombras . Son redondos y muy pequeños con envergaduras de unos dos a tres milímetros y generalmente el ser humano apenas puede apreciar sus colores a simple vista pareciéndonos poco más que un punto negro. Sus antenas terminan en forma de bola, más grande si son machos y presenta unos dibujos tan llamativos como atractivos. Se trata de una especie muy extendida y te la puedes encontrar repartida prácticamente por todo el mundo, pero ello no la convierte en algo a temer pues la mayoría de ellas son totalmente inofensivas. No obstante, las que representan algún peligro suelen ser bastante dañinas, como es el caso de nuestro sujeto. Además del nombre de escarabajo de las alfombras también se le conoce por escarabajo de los museos .  Este insecto se alimenta de otros pero no cazándolos sino que se comporta como un carroñero. Es por ello que resulta una plaga que puede causar estr
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A veces no podemos llegar a saber si las cosas suceden para bien o para mal. Tras el estupendo día pre-primaveral que hemos disfrutamos ayer, hemos vuelto de nuevo al gris lluvioso de semanas atrás, lo cual para muchos será un gran fastidio pero estoy convencido que para otros un gran alivio pues alejará al gran rebaño de sus pueblos y ciudades.

Y es que no hay mal que por bien no venga. Os comentaba desde el viernes que estaba observando lo que semejaba una fuga masiva de personas hacia las zonas costeras como si no hubiese un mañana y así fue. Las noticias locales hoy me han sorprendido con irresponsabilidades varias que ponen en serio riesgo no sólo la salud de miles de personas sino también la vida de cientos y la libertad de cientos de miles.

No me explico cómo puede ser que en playas gallegas los cuerpos de policías locales hayan tenido que proponer para sanción a turistas madrileños que obviamente hicieron caso omiso de cualquier norma o confinamiento perimetral. Galicia permite la circulación entre gran parte del territorio, pero no la Comunidad Autónoma, lo que quiere decir que solamente los gallegos y las gallegas nos podemos mover entre municipios que tengan la misma clasificación en cuanto a cifras de contagios.

Tampoco es nada para presumir que en ciudades como A Coruña, Santiago de Compostela y Pontevedra se estuviesen saltando las medidas y restricciones a la torera, con la gente llenando las calles y haciendo colas para acceder a las terrazas, consumiendo muchos sin mascarilla e incluso utilizando mesas inhabilitadas.

Veo que no estaba muy mal encaminado cuando decidí tomarme nuestra nueva libertad con tranquilidad. Y me consta que no he sido el único pues por donde yo elegí tomar aliento también compartí espacio (y con esto me refiero a un amplio espacio) con gente que también ha dado muestras de un sentido de la responsabilidad bastante loable. Me consta que en otros lugares de Galicia también, pues no quiero decir que se hayan saltado las normas por todas partes. El problema es que cuando lo paguemos, lo pagaremos todos y no solamente esa gente carente de sentido común o sobrados de estúpida rebeldía.

Disponemos de más de 2500 quilómetros de costa para nuestro disfrute. Más que suficiente como para no tener que abarrotar de gente ninguna playa. Si vemos que una playa tiene un aforo bastante elevado, es tan sencillo como seguir nuestro camino a la siguiente. 

No quiero ni pensar en lo que podrían pasársele por la cabeza a los habitantes residentes de esas zonas costeras populares cuando de repente se les llenaron los pueblos con gentes de todas partes y que no en todos los casos han respetado las normas que se han creado para salvaguardar nuestras propias vidas.

No olvidemos que mientras la mayoría nos relajamos y nos divertimos con nuestras rutas a destinos masificados, más de una decena  de personas han fallecido por la Covid-19 en la más absoluta y completa soledad. Parece que hasta que tengamos la muerte a los pies no nos daremos cuenta de ello. Ni una sola muerte sigue siendo aceptable en esta pandemia por la irresponsabilidad de unos pocos. No se puede permitir.

Los responsables de la hostelería y el vecindario no somos policías, en muchos pueblos ni de agentes del orden disponen. Por eso, aunque suene aburrido, debemos insistir y apelar a la responsabilidad individual. La diversión de hoy puede llevarnos a tiempos muy tristes mañana.

Dicho esto, y en cuanto a la fotografía de hoy, puede ser que mi estado de ánimo provocase en mi una falta de inspiración. En parte por la frustración temiendo que esta situación se alargue demasiado o simplemente darle la oportunidad a algunos empresarios para aprovecharla y quizás al ver llover de nuevo. Ni siquiera me ha apetecido salir con la cámara y todas las fotografías que he realizado hoy las hice con el teléfono móvil y al final, como suele suceder cuando se busca, aparece un claro por donde huir de todo lo negativo, así que quedémonos con esto último: siempre habrá un sitio para la ESPERANZA.  

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