La noche abre sus fauces negras, y un grito sin dueño se arrastra por las venas del silencio. Los monstruos no tienen rostro, solo uñas que arañan la luz, y me persiguen por corredores donde el tiempo se pudre. Corro entre espejos quebrados, cada reflejo es mi cadáver, y las campanas, como huesos, golpean el aire muerto. Un caballo rojo surge del polvo, con ojos de sangre y hambre, me llama con relinchos que desgarran la piel del sueño. Pero despierto, y en mi almohada late un gusano, que me susurra: «Nunca saldrás del bosque».
Latidos urbanos
La fotografía es mi modo de capturar la esencia de la vida y enterdela sin necesidad de palabras. Por Anxo Dafonte.